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El Alce

Artiodáctilo de la familia de los cérvidos; mide entre 2,60 y 2,90 m de longitud y 1,90 m de alzada hasta la cruz; su peso es de unos 300 a 450 kg. El grueso labio superior es colgante; los machos tienen cuernos enormes, en forma de doble pala. El color varía del gris amarillento al negro. Vive en rebaños en los bosques de las regiones septentrionales de Europa, Asia y América del Norte y se alimenta de hojas y hierba.

Dado que su labio superior grueso y colgante representa una dificultad para alimentarse de hierba tierna y baja, el alce opta por ramonear arbustos, tallos y hojas que se hallen a cierta altura. En la foto, un alce blanco de Alaska.

Excelente nadador, el alce se sumerge con frecuencia en el agua, y ello tanto por necesidad como por placer.

Área de dispersión del alce. Este cérvido habita las regiones septentrionales de Europa, Asia y América del Norte; se establece con preferencia en los bosques de abedules y coníferas.

El Alce

(Alces alces)

El ALCE es el gigante de la familia de los cérvidos, animal robusto y recio, dotado de cuernos anchos, que se desarrollan a modo de pala y se dividen como los dedos de la mano.

Descripción

Este enorme cérvido puede alcanzar un peso de 450 kg y algunos individuos muy viejos llegan a veces a 500. El cuerpo es relativamente corto y grueso, alto, ancho de pecho, con la cruz algo levantada, horizontal en el dorso y más bajo en la grupa. Las patas son altas y firmes, de longitud uniforme, terminadas en pesuños profundamente hendidos y hundidos y unidos por una membrana extensible. El cuello, abultado y fuerte, sostiene una cabeza grande y alargada, que se estrecha hacia los ojos y que termina en un hocico largo, abultado, muy chato en la parte delantera. El labio superior, muy desarrollado en todos los sentidos, es extraordinariamente movible, peludo y hendido, y cuelga sobre la mandíbula inferior.

En sus movimientos, el alce es bastante menos ligero y flexible que el ciervo: no puede huir a gran velocidad, pero trota rápidamente, demostrando una resistencia increíble; muchos observadores aseguran que puede correr unos 50 ó 60 km diarios. Es, además, un buen nadador; en efecto, no sólo busca el agua por necesidad, sino también por placer, para bañarse y refrescarse, como hacen varias especies de bovinos. Cuando corre, las cuernas hacia atrás, en posición casi horizontal y levanta el hocico; por eso tropieza a menudo.

Hábitat

 Los bosques espesos y solitarios, con pantanos y ciénagas impracticables y con abundancia de sauces, abedules, álamos temblones y otros árboles frondosos, constituyen el ambiente predilecto del alce. También lo son los bosques de coníferas, a condición de que no falten los pastos. Las ciénagas son para el alce una auténtica necesidad; este pesado animal pasa el verano en las llanuras húmedas y bajas y en invierno se traslada a lugares más altos, preservados de las inundaciones y nunca cubiertos de hielo.

Comportamiento

Cuando se siente inquieto o no encuentra suficiente alimento cambia de residencia. No tiene costumbre de prepararse una yacija, y para descansar se echa sencillamente en el terreno cenagoso o bien se acuesta sobre la nieve, en lo más espeso de los bosques. Sus costumbres difieren algo de las del ciervo: se reúne en rebaños más o menos numerosos, compuestos de machos y hembras no aptas aún para la reproducción, pues las hembras que han parido, no sólo maltratan a los machos, sino que además hacen todo lo posible para alejar a las otras hembras de sus compañeros jóvenes. Por otra parte no se puede decir ciertamente que el alce sea un animal pacífico y sociable, ya que cada individuo encuentra siempre un pretexto para estar en discordia con sus compañeros.

En cambio, en otro aspecto, es un animal que necesita una absoluta tranquilidad: a diferencia de los demás cérvidos, cuando se da cuenta de que es objeto de persecución constante, abandona sin dudarlo el lugar en el que se había establecido. Pero, si se cree seguro, sale a pacer tranquilamente al caer la tarde, y pasta hasta las primeras horas de la noche, y luego, nuevamente, al alba y durante la mañana. En cambio, si no se siente seguro sólo se procura alimento en plena noche.

Alimentación

Su alimentación consiste en hojas y brotes de sauce de las lagunas, de abedul y de otras plantas del bosque nórdico. También le gusta el trigo y la avena cuando están espigados; por eso se traslada regularmente a las zonas cultivadas en los meses de mayo y junio, en tanto que las evita en las demás épocas del año. A causa de su grueso y colgante labio superior, el alce no puede comer la hierba tierna y baja, como hacen los demás cérvidos, sino que ha de romper con los dientes los tallos más altos y las espigas de las gramíneas; entonces sí que utiliza con gran habilidad dicho labio, que tiene forma de trompa. Para romper la corteza de los árboles, clava en ella los dientes y luego con los labios arranca largas tiras. También utiliza la cabeza para bajar las ramas, de las que después rompe la extremidad. Es capaz de masticar ramas más gruesas que el dedo de un hombre, tragándolas sin dificultad y eliminando luego las fibras leñosas en los excrementos. Este animal necesita agua limpia y abundante.

Reproducción

En la época de celo los machos están excitadísimos: se atacan con verdadera ferocidad mientras emiten un grito especial; en esa época resultan muy peligrosos, incluso para el hombre. A fines de abril o primeros de mayo la hembra da a luz; la primera vez pare un solo pequeño y en adelante dos, casi siempre de sexo distinto. Apenas la madre los ha limpiado, los recién nacidos empiezan a moverse, pero todavía sostienen mal la cabeza y vacilan mucho, tanto que la madre se ve obligada a empujarlos muy a menudo. No obstante, a los tres o cuatro días ya pueden seguirla a todas partes. El amor de la madre por sus hijos es verdaderamente extraordinario: llega a defenderlos aunque estén ya muertos, y da vueltas durante varios días por los lugares en que fueron cazados, buscándolos en vano.

La hembra del alce carece de cornamenta. Con acentuado instinto maternal, protege y defiende sus crías de cualquier peligro o enemigo, por temible que sea.

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