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El Búfalo Cafre

Artiodáctilo de la familia de los bóvidos y subfamilia de los bovinos; su longitud aproximada es de 2,80 m, más 70 cm de cola, y su alzada, en la cruz, alcanza 1,60 m. Sus cuernos son muy grandes. El pelaje oscuro y ralo, deja ver la coloración gris parda de la piel. Vive en Africa, al sur del Sahara, próximo a ríos y terrenos pantanosos.

Los cuernos del búfalo cafre o búfalo africano están tan juntos en la base que casi parecen surgir del mismo sitio en mitad de la frente.

Este búfalo cafre está entregado a una larga rumiadura, plácidamente tumbado y en parte sumergido en el agua poco profunda. La presencia de los hipopótamos y de la garza real posada sobre su espalda parece contribuir a su total sosiego.

A la más mínima alarma, el búfalo cafre se coloca en posición agresiva. Resoplando furiosamente por las ventanas de la nariz, se abalanza sobre el enemigo con todo su imponente peso.

Aun cuando suelen convertirse en peligrosos adversarios si son atacados, no puede decirse que los búfalos cafres sean animales agresivos. A pesar de su aire sombrío y su mirada poco tranquilizadora son en realidad apacibles, salvo que se sientan directamente amenazados.

El Búfalo Cafre

(Syncerus caffer)

El BÚFALO CAFRE o BÚFALO AFRICANO es el más recio, poderoso y salvaje de todos los bovinos africanos. Tiene la cabeza relativamente pequeña y bien formada; el cuello es un tanto grueso, largo y robusto; el cuerpo aparece ligeramente levantado en la cerviz y recto o algo hundido a lo largo del dorso, y la cola, larga y delgada, termina en un poblado mechón que corresponde a la mitad de su longitud. Los cuernos se orientan primero hacia los lados y atrás, luego hacia arriba y por último nuevamente hacia atrás, con las puntas en forma de garfio; su superficie es muy irregular, y en los machos más viejos se ensanchan extraordinariamente en la base hasta cubrir toda la frente, quedando entre ambos una pequeña separación.

El pelaje, como ya se ha dicho, es escaso, excepto sobre las orejas y en la punta de la cola. Muchas partes del cuerpo aparecen completamente desnudas. Por lo tanto, el color del animal no está determinado por los pelos, que son negros y con la punta algo más clara, sino por la misma piel, que es de un ostensible tono gris pardo oscuro.

El área de dispersión del búfalo cafre es bastante extensa, pero muy fragmentada. A partir del sur del Sahara, se extiende desde el Senegal al Sudán y hasta Etiopía, esto es, toda la parte central del continente negro.

Estos rumiantes prefieren la llanura a la montaña, y se establecen casi siempre en zonas en las que abunde el agua, ya que no pueden prescindir de ella en absoluto; no obstante, en casos extremos se conforman también con fango.

El búfalo cafre es sociable por naturaleza; en los lugares donde es más perseguido por el hombre vive en rebaños de unos treinta individuos, pero allí donde se siente más seguro suele formarlos mucho más numerosos.

Los becerros nacen en distintos meses del año, puesto que la época del celo no corresponde a una determinada estación para todos estos bovinos, debido a que su área de dispersión, como ya hemos dicho, es vastísima y las condiciones climáticas muy diversas.

Ese búfalo pasa las horas más cálidas de la jornada durmiendo y rumiando en cualquier charco fangoso o en cualquier pantano, del que sale cubierto por una costra sucia y dura. A falta de estos lugares, elige un paraje sombrío del bosque, un matorral muy espeso o una garganta profunda. Es un animal que parece como poseído por un constante mal humor; su carácter es sombrío, tozudo y malvado; casi siempre mantiene su ancha y maciza cabeza en posición de ataque; los ojos, grandes, de color negro azulado, brillan salvajemente bajo los poderosos cuernos, de tal modo que estos bovinos parecen la imagen viviente de la más desenfrenada violencia.

Cuando es herido mortalmente el búfalo se deja caer poco a poco a tierra, alarga la cabeza y emite un especialísimo y breve mugido; los cazadores expertos no se aproximan nunca a la presa sin antes haber oído este singular grito de muerte. Pero el hombre no es el único enemigo del búfalo. También el león le ataca y a veces consigue matarlo; muchos cazadores han encontrado búfalos que tenían sobre el cuello y la espalda cicatrices de heridas profundas, como resultado de su encuentro con leones. Estos búfalos que han sido atacados por los grandes felinos son siempre irritables y fieros.

A falta de agua, el búfalo cafre se contenta con una charca de cieno, en la que gusta de revolcarse largamente. La costra que sobre el pelaje forma el barro al secarse, lo protege de los únicos enemigos que no le temen en absoluto: los insectos.

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