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El Ciervo

Artiodáctilo de la familia de los cérvidos; mide entre 1,85 y 2,50 m de longitud, incluidos los 15 cm de cola, y de 1,20 a 1,50 m de alzada hasta la cruz. El peso oscila entre 150 y 200 kg. Posee grandes sacos lacrimales, dirigidos oblicuamente hacia el ángulo de la boca. Las cuernas se orientan hacia atrás, excepto en la parte superior, describen un gran arco y presentan un número de ramificaciones que aumenta con la edad; su curvatura mide de 80 a 120 cm. Este animal vive en los bosques de montaña y colinas de Europa y Asia central y septentrional, y está extendido también por una pequeña franja territorial norteafricana, que comprende parte de Argelia y Túnez.

Todas las ramificaciones que presentan las cuernas del ciervo aumentan hasta los once o doce años de vida del animal, cuya edad es posible determinar, por tanto, según el número de aquellas.

Los sacos lacrimales del ciervo forman una fosa deprimida y larga cuyas paredes internas segregan una sustancia grasienta y densa de la que se libra el animal frotándose con los troncos de los árboles.

El bramido del ciervo, sonoro y discordante, comienza a oirse en setiembre. Anuncia el principio de la época del celo, período que se prolonga hasta la segunda quincena de octubre, aproximadamente.

En Asia existen diversas variedades de cérvidos, en su mayor parte afines al ciervo europeo. Los de la foto son sicas, propios del Japón septentrional.

Area de dispersión del ciervo. Este animal habita la zona templada de Europa y Asia y el norte de Africa.

El Ciervo

(Cervus elaphus)

El CIERVO COMUN, VENADO o CIERVO NOBLE es una de las formas más bellas de los cérvidos.

Descripción:

Es un animal esbelto, robusto, bien conformado y de porte majestuoso y altivo; su corpulencia puede variar de modo considerable, siendo la hembra bastante más pequeña que el macho, del que difiere también por el color del manto.

Hábitat

Para vivir prefiere las zonas montañosas, sobre todo las cubiertas de bosques de árboles muy frondosos.

Comportamiento

Se reúne en rebaños más o menos numerosos, subdivididos en cuanto a edad y sexo: las madres, los cervatos y los machos y hembras jóvenes permanecen casi siempre juntos, mientras los machos adultos forman pequeños grupos y los más viejos viven aislados. El rebaño de los jóvenes y las madres siempre es guiado por una hembra, que dirige la actividad de todos los demás.

En los meses invernales, el ciervo abandona las montañas y desciende a los valles; pero en verano sube a los lugares más elevados de las cordilleras secundarias. Cuando echa las nuevas cuernas y éstas son aún débiles y poco consistentes, se ve obligado a permanecer en los bosquecillos de arbustos o entre los matorrales más bajos, para que sus defensas no se dañen al chocar contra las ramas o los troncos de los árboles. Pasa las horas diurnas agazapado en su yacija y al caer la tarde sale en busca de alimento; pero en lugares donde se siente seguro pasta también de día.

Todos los movimientos del ciervo son ligeros, gráciles y elegantes, y especialmente los del macho resultan majestuosos: por lo general camina con paso bastante largo, en tanto que su trote es velocísimo y el galope mucho más aún. Da saltos prodigiosos y supera con la mayor facilidad obstáculos de toda especie y, en caso de necesidad, atraviesa a nado lagos, ríos y -por ejemplo en las costas de Noruega- hasta brazos de mar.

En cuanto a su carácter y a las facultades intelectivas, se puede decir que son prácticamente iguales a las de los otros rumiantes silvestres: es muy tímido y miedoso, y no muy astuto ni inteligente. El macho se muestra en extremo egoísta: no piensa más que en sí mismo, subordinando todo lo demás a sus propios gustos. Trata a la hembra violentamente y durante la época del celo llega incluso a maltratarla. La hembra, en cambio, ama y se ocupa con toda ternura de los hijos. El ciervo siente por los otros animales indiferencia o antipatía: teme a los fuertes y maltrata a los débiles. Durante la época del celo se muestra francamente fuera de sí: hasta se olvida del pasto cotidiano. Un ciervo encelado, vagando por el bosque, constituye una visión verdaderamente majestuosa; sin embargo, dentro de una jaula se convierte en un animal mezquino.

Probablemente el ciervo común es tan asustadizo porque la experiencia le ha enseñado que el hombre es su peor enemigo, y tanto es así, que en los lugares donde se siente protegido se muestra bastante confiado. Pero las cosas cambian mucho cuando el animal empieza a sentir los primeros síntomas del celo: basta entonces la menor cosa para irritarle e inducirle a atacar al hombre.

Reproducción

La gestación dura unas cuarenta semanas y a fines de mayo o comienzos de junio nace un pequeño, raras veces dos. Al aproximarse el momento del parto, la hembra se retira al interior del bosque para dar a luz. Los pequeños, durante los tres primeros días de vida son tan débiles que no consiguen dar ni un paso, de manera que un hombre los puede sujetar con la mano sin que intenten siquiera la fuga; pero después de una semana eso ya no es posible. Entonces siguen a la madre a todas partes y cuando ella les advierte de un peligro, mediante un grito de alarma o bien golpeando rápidamente y con fuerza el suelo con las patas delanteras, se agazapan entre la hierba alta.

El ciervo y el hombre

Los enemigos del ciervo común son, particularmente, el lobo, el lince, el glotón y más raramente, el oso. Los más peligrosos, sin duda, son el lobo y el lince; en efecto, cuando la nieve es muy alta, las jaurías de lobos hambrientos persiguen implacablemente y durante mucho tiempo a los pobres ciervos hasta agotarlos; por otra parte el lince se arroja sobre ellos cuando menos lo esperan, agarrándolos por la garganta. Pero el peor enemigo ha sido el hombre, pese a que actualmente las cacerías ya no son por fortuna tan despiadadas como en otros tiempos.

Los daños que produce el ciervo no son compensados, por desgracia, por lo que pueda proporcionar su cuerpo. De ahí que el ciervo haya sido exterminado en muchos países: evidentemente, el valor de su carne, de las cuernas y de la piel, así como el placer de su captura, son muy inferiores a los daños que acarrea y su presencia no es tolerable en zonas cultivadas.

En la época invernal, cuando la nieve tapiza el suelo, el ciervo se alimenta de cortezas de árbol, brezos, muérdago y pequeñas plantas que crecen en torno de fuentes y manantiales.

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