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El Leopardo

Carnívoro de la familia de los félidos; mide de 1 a 1,5 m de longitud, más 75 a 100 cm de cola. Su altura oscila entre los 45 y 62 cm, y puede alcanzar los 90 kg de peso. El pelaje es corto y ralo (más largo en los ejemplares que viven en la montaña), de color ocre, amarillento o blancuzco y con numerosas manchas negras circulares. Los ejemplares negros son las llamadas panteras negras. Viven en las sabanas, desiertos y bosques de una parte de Africa y Asia. Es feroz, pero poco valiente.

Los leopardos se adaptan sin dificultad a los medios más diversos. Lo mismo pueden vivir en parajes montañosos y resecos como en la sabana, en los bosques frondosos de las zonas cálidas y húmedas o en regiones casi desérticas.

Durante mucho tiempo, la pantera negra fue considerada como una raza distinta del leopardo. Hoy se sabe que entre los leopardos de ciertas regiones no es rara la tendencia al melanismo, esto es, a la coloración negra del pelaje. En una camada de leopardos comunes puede aparecer algún cachorro enteramente negro.

Lo mismo que el gato, el leopardo tiene la cabeza bastante redonda y un hocico poco prominente. Sus colmillos son poderosos, incluso más que los del león.

La pantera negra se halla principalmente en la isla de Java, por ello mereció antaño el nombre de pantera de la sonda. En cambio, y es un hecho curioso, no existe en absoluto ni en Sumatra ni en Borneo.

El leopardo de las nieves tiene un pelaje más espeso y de pelos más largos que el leopardo común. Gracias a esto puede resistir perfectamente los rigores del clima de alta montaña. Vive en las zonas montañosas del centro de Asia. Se le encuentra por encima de los 1800 metros.

Los cachorros de leopardo nacen en guaridas muy ocultas. La madre los amamanta durante un largo período y les prodiga solícitos cuidados. Hacia el año aprenden a cazar y se independizan.

El Leopardo

(Panthera pardus)

El LEOPARDO tiene la cabeza grande y redondeada, el hocico poco prominente, el cuello cortísimo, el cuerpo robusto, el aspecto del tronco delgado y flexible en su conjunto; las patas presentan una altura y robustez de tipo medio y terminan en pies anchos y redondeados. El color predominante en el pelaje es el amarillo rojizo pálido, más oscuro en el dorso, y claro, casi blanco y relativamente más largo, en las partes inferiores y anteriores; presenta, además, unas características rayas y manchas negras sobre la cara, y el resto del cuerpo está también densamente cubierto de manchitas negras, llenas y redondas, cuyo tamaño varía desde el de un guisante al de una nuez. En la parte superior del dorso y a los lados del tronco, algunas de estas manchas presentan el aspecto de anillos abiertos o cerrados.

La cola, cubierta también de manchas, es de color blancuzco por la parte inferior. Las orejas son de color gris negro en la parte externa, con una gran mancha blanquecina en su terminación; el ojo tiene el iris amarillo verdoso y la pupila redonda. En la coloración del pelaje los machos casi no se diferencian de las hembras, ni los viejos de los adultos; sin embargo, hay individuos más oscuros, otros que tienen un color de fondo casi blanco y muchos que, por un difundido fenómeno de melanismo, son casi del todo negros: estos últimos son comunmente llamados "panteras de la Sonda" o más bien "panteras negras" o "leopardos negros". Estos individuos negros, no muy distintos a nuestros gatos de igual color y cuyas manchas se notan tan sólo cuando la luz les da de un modo particular, viven generalmente en la península malaya, archipiélago de la Sonda y, a veces, en las regiones situadas más al norte de estas zonas.

Comportamiento

Todos estos felinos se parecen en carácter y hábitos, y sólo presentan alguna diferencia en la fuerza y en la robustez del cuerpo. Unos prefieren dar caza a animales salvajes pequeños y a los domésticos también menores, otros persiguen la fauna salvaje mayor y los animales domésticos de cualquier clase, y a veces atacan incluso al hombre, cuya presencia, sin embargo, procuran siempre evitar: en resumen, se puede decir que son los félidos más parecidos al tigre.

De una agilidad asombrosa y más robusto que otras fieras, es un verdadero maestro en el arte de atacar por sorpresa a la fauna salvaje más veloz y más cauta. Es además, un magnífico trepador y se mueve con la misma habilidad tanto entre los árboles como en medio de la maleza. Cuando se da cuenta de que le persiguen sube rápidamente a los árboles, y en caso de necesidad incluso cruza a nado lagunas o ríos bastante anchos. Su gran belleza no sólo se manifiesta cuando está en acción, sino que todos y cada uno de sus movimientos resultan elásticos, ágiles y ligeros, y sus gestos son graciosos y delicados: en suma, un leopardo que corre y salta entre la hierba constituye un hermoso espectáculo, sólo comparable al que ofrece otro carnívoro bastante más pequeño: la gineta.

Cuando el leopardo se da cuenta de que sus hijos están amenazados, se precipita furiosamente contra el adversario, aunque haya sido herido por éste. Se sabe también que el leopardo ataca al hombre espontáneamente, sin ser provocado lo más mínimo; en varias partes de la India se habla de leopardos antropófagos.

Se conoce a este felino como un maestro en el arte de atrapar monos: se tiende en tierra fingiéndose muerto para que los monos se le acerquen, primero cautos y miedosos, y después con mayor confianza; cuando al fin se ponen a jugar con el cuerpo del leopardo falsamente muerto, éste se lanza sobre ellos, matando a gran número y devorando a los más rollizos.

Distribución

El área de dispersión del leopardo es muy vasta: comprende casi toda Africa, al sur del Sahara, y gran parte de Asia, desde el Cáucaso a la región del río Amur, y de Siberia a Java; pero no se le encuentra nunca en los territorios septentrionales ni en las grandes llanuras tibetanas.

Hábitat

A primera vista, el pelaje del leopardo puede aparecer demasiado vistoso para un animal que debe sorprender a su presa mediante emboscadas prolongadas y pacientes entre matorrales y bosques. Pero no es así, los cazadores, que conocen bien las localidades en que viven, saben lo adecuados que son tales colores, sin duda los más aptos para ocultarse entre las rocas y la vegetación. El leopardo es común en todos los bosques de alto arbolado, más o menos espesos; huye de las llanuras herbáceas, aunque a veces se le encuentra en la estepa; en las regiones agrícolas se establece a menudo en los campos y en las plantaciones, o bien en los bosquecillos de arbustos. Vive asimismo a gusto en la montaña, donde las altas hierbas le ofrecen muy buenos escondites y la ocasión de cazar diversas y abundantes presas. En Etiopía este felino vive en zonas comprendidas entre los 2000 y 3000 m, y suele establecer su guarida cerca de los lugares habitados por el hombre, donde luego llevará a cabo sus rapiñas.

Reproducción

Al iniciarse la primavera comienza para el leopardo el período del celo: varios machos se reúnen entonces en un mismo lugar y se ponen a maullar como los gatos, aunque con voz más aguda y fuerte, empeñándose luego en combates feroces. En los animales en cautividad se ha observado que la gestación dura noventa días, transcurridos los cuales nacen de tres a cinco pequeños, que abren los ojos al décimo día de vida. Estos cachorros son animalitos graciosos, revestidos de un pelaje suave y de dibujo muy bello. En esta época son inofensivos; juegan entre sí y también con la madre, que los cuida con gran afecto y que, en caso de necesidad, los defiende valientemente. Estando en libertad, la madre esconde su prole en el hueco de una roca, en medio de las raíces de los árboles o bien en los matorrales más espesos; pero apenas los pequeños han alcanzado el tamaño de un gato doméstico robusto, se los lleva consigo en sus cacerías. En el período de la lactancia la hembra se vuelve ferocísima y siembra un verdadero terror; ataca y mata con increíble audacia a todos los animales que encuentra, pero con tal astucia que difícilmente se deja sorprender, ya sea sola o en compañía de su prole.

Cualquier presa es apetecible para el leopardo, que en la caza suele mostrarse implacable. Mata, en efecto, más animales de los que necesita para alimentarse, hábito ciertamente demostrativo de su ferocidad.

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