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La Llama

Artiodáctilo de la familia de los camélidos. Alcanza una altura en la cruz de 109 cm a 119 cm y un peso de entre 130 kg y 155 kg. La lana de la llama es gruesa con un diámetro de 20 a 80 micras. Carece prácticamente de pelo en las mejillas. Vive en Bolivia, aunque también se la encuentra desde las regiones altas de Ecuador hasta el noroeste de Argentina.

Toda la economía del imperio incaico dependía de la llama. Este animal, capaz de recorrer de 20 a 30 km al día y de transportar cargas de 50 a 60 kg, se convirtió en la bestia de carga ideal para estos países de relieve difícil.

La llama escupe, para defenderse, un compuesto de sustancias parcialmente digeridas por su estomago. Por la naturaleza ácida de este compuesto, es muy riesgoso que el mismo entre en contacto con los ojos de cualquier persona.

La mayoría de las llamas está distribuida en las altiplanicies andinas, de 2300 m a 4000 m de altitud, donde el clima es frío y seco, pero su área de dispersión está determinada por la actividad humana.

Desde épocas muy remotas, la llama es utilizada por los indios peruanos como animal de carga y transporte, función que desempeña con docilidad; por otra parte, es capaz de desplazarse por parajes que incluso para los mulos resultarían impracticables.

La abundante lanosidad representa para la llama su defensa natural contra las bajas temperaturas de las regiones que habita. Con esta lana, de mediana calidad tan sólo, se hacen tejidos burdos.

La Llama

(Lama glama)

La LLAMA (Lama glama) es bastante grande. Puede alcanzar una altura en la cruz de 119 cm y un peso de hasta 155 kg. Posee callosidades en el pecho y su color, muy variado, a menudo es muy claro y totalmente blanco pero nunca llega a ser oscuro.

Comportamiento

No se conoce demasiado bien la organización social de la llama, ya que no existen poblaciones salvajes y es difícil llevar a cabo estudios del comportamiento en los rebaños que forman parte de una ganadería intensiva. Aún así, se considera que la llama sería en otros tiempos territorial y que viviría agrupada en harenes.

Distribución

La distribución de la llama está limitada a las altiplanicies andinas. Sin duda, esta característica ha estado determinada por la actividada humana. El 70% de las llamas vive en Bolivia, pero es posible encontrarlas desde las regiones altas de Ecuador hasta el noroeste de Argentina, con una mayor concentración en un radio de norte a sur de 350 km alrededor del lago Titicaca, en la frontera entre Bolivia y Perú.

Acostumbradas a medios de altitud fríos y secos, las llamas se adaptan mal a los lugares situados fuera de su país de origen. Los numerosos intentos de introducirlas en distintos países han fracasado debido a las condiciones de humedad de los países templados y a las enfermedades; sin embargo, hoy en día es bastante habitual verlas en los zoológicos. En Estados Unidos, la población de llamas aumenta y sus propietarios las crían para aprovechar la lana, pero también como animal de compañía. La llama es en efecto muy dócil; pero es necesario conocer sus sistemas de defensa. Uno de los más espectaculares consiste en lanzar un esputo nauseabundo y ácido compuesto por sustancias digeridas parcialmente por el estómago. El agresor así bañado puede aún considerar que ha tenido suerte si no le ha entrado nada en los ojos.

Alimentación

En lo que refiere a su alimentación, la especie muestra preferencia por los pastos más bien secos de las laderas montañosas y por las partes gruesas de las plantas. La llama posee el área más extensa (dentro de los camélidos americanos) después del guanaco, lo que sin duda se debe a la austeridad de su alimentación.

La llama es un animal influyente en las comunidades de vida de altura, más que todo por el efecto de sus excrementos que favorecen el crecimiento de plantas nitrófilas, vale decir, aquellas que se multiplican en los suelos con exceso de amoníaco y nitrato. Las deposiciones, además de servir de abono, se utilizan también, en las zonas donde escasea la madera, como combustible.

Reproducción

Agosto y setiembre son los meses de celo y entonces los machos luchan por lograr la supremacía en la dirección del hato o por la posesión de varias hembras. Entre 348 y 368 días después de la cópula, nace un solo hijo. Al nacer, la cría pesa entre 8 kg y 16 kg.

La llama y los seres humanos

Los europeos del siglo XVI la encontraron, ya domesticada, como medio de transporte de los nativos para llevar los lingotes de plata de Potosí, donde se usaban hasta 300.000 animales. La utilización de las llamas como bestia de carga también hicieron posibles las transacciones comerciales, la expansión militar, la construcción de templos y la explotación de minas de oro y de plata.

La llama era también el símbolo del poder soberano. El Inca recibía como regalo la napa, una llama blanca recubierta de una prenda escarlata, y adornada con zarcillos de oro y un collar de conchas rojas. Con motivo de las cuatro grandes fiestas incaicas, que se celebraban en los solsticios y los equinoccios, miles de llamas blancas eran sacrificadas al dios Sol. Una característica significativa de la importancia de la llama para esta civilización consiste en que los límites del imperio coincidían con los límites de la extensión de las llamas.

Progresivamente, el desarrollo de las infraestructuras viarias y ferroviarias destituyó a la llama de sus funciones. Aún así, las dos especies domésticas (la alpaca y la llama) siguen desempeñando un papel importante en la economía de subsistencia de los pueblos remotos de los Andes. En estas zonas, se crían por la lana, la carne y la piel.

Se han descrito dos razas de llama: la chaku, la más corriente, con la lana bastante larga y la ccara, de pelaje muy corto.

Los cruces entre llama y vicuña efectuados en el sur de Perú han producido híbridos con el tamaño de la llama o de la alpaca y el color rojizo de la vicuña. También se puede cruzar con el guanaco y producir híbridos fértiles llamados guacollamas.

La llama, el camélido sudamericano más robusto, presta los mismos servicios que el asno en Europa. Animal de transporte ideal en esta red de senderos rocosos y abruptos, garantiza la conexión entre las diferentes zonas de los andes. Las cargas equilibradas directamente sobre el lomo, suelen ser de productos locales, objeto de trueque en los mercados de los alrededores. Un buen guía puede conducir una caravana de 15 a 20 bestias, con una tonelada de mercancías. Para marcar los rebaños, se decoran las orejas de la llama con pompones coloreados de lana.

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