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El Puma

Carnívoro de la familia de los félidos; mide 1,20 m de longitud, más la cola, de 65 cm; su alzada en la cruz es de 65 cm. Su pelaje es rojizo, manchado en los jóvenes. Vive solitario en América del Norte y del Sur, en las selvas y llanuras abiertas. Se alimenta de mamíferos y pájaros y es un habilísimo trepador.

El puma descansa de día subido a los árboles o escondido entre matorrales. Como buena parte de los félidos, es un animal nocturno que nunca sale de caza antes de la puesta del sol.

A pesar de su actitud a veces amenazadora, los cachorros de puma pueden domesticarse con facilidad. Incluso adulto, el puma no ataca al hombre. De ahí que los gauchos le llamaran "amigo del cristiano".

Los pumas al nacer tienen el pelaje salpicado de manchas oscuras. Hacia los tres meses sufren una muda y adquieren la tonalidad lisa característica de los ejemplares adultos. Su agilidad en ese momento es ya suficiente para que puedan seguir a la madre cuando ésta sale de caza.

Área de dispersión del puma. Este félido se halla difundido en extensas zonas de América, desde Canadá a la Patagonia. Vive lo mismo en la montaña que en el llano, tanto en bosques húmedos como en estepas desérticas, en regiones tropicales como en parajes nevados. De todos los mamíferos americanos es el que tiene una distribución más amplia. Hasta tiempos recientes su área de dispersión abarcaba la totalidad de Sudamérica pero en la actualidad se ha restringido por exterminio y avance de la civilización.

El Puma

(Felis concolor)

Una de las especies más conocidas entre los félidos americanos es el PUMA. Tiene el pelo espeso, corto y suave, más rico en el vientre que en la parte superior del cuerpo. El color predominante es un bello amarillo rojizo, un tanto oscuro, que aún se oscurece más en el dorso; blanco rojizo en el vientre, se aclara hacia el pecho y en la cara interna de las patas, hasta convertirse en blanco en la región de la garganta, en la parte interna de las orejas y alrededor de la boca. Por encima y por debajo de los ojos aparecen dos pequeñas manchas blancas. Entre macho y hembra no existe diferencia alguna en el color del pelaje; en cambio sí la hay entre los adultos y los jóvenes, pues estos últimos tienen manchas oscuras y la cola con anillos amarillentos y negros alternados.

El área de dispersión de este félido es muy amplia: desde Canadá, a través de toda América del Norte y Central (excluyendo las Antillas) se extiende por América del Sur, hasta la Patagonia. En algunas de estas regiones el puma es abundantísimo, pero en otras puede considerarse casi extinguido.

Prefiere la selva a los terrenos abiertos, permaneciendo por lo general en las lindes de los bosques o también en las llanuras recubiertas de altísimas hierbas, donde emprende la mayor parte de sus cacerías. Si es perseguido por el hombre busca refugio en la espesura, escondiéndose con mucha habilidad entre los arbustos. Pasa la mayor parte del día durmiendo en los árboles, o entre los matorrales o las hierbas altas, y por la noche sale en busca de sus presas.

En sus movimientos el puma se muestra ágil y decidido; se dice que es capaz de dar saltos de hasta seis metros. Sus ojos son grandes y serenos y su mirada se halla totalmente exenta de ferocidad; ve mejor durante el crepúsculo y por la noche que a pleno día. Tiene el olfato débil, pero el oído agudísimo. Se muestra valiente tan sólo cuando la necesidad le obliga a ello; por eso huye siempre ante la presencia del hombre o del perro. Se dice que solamente ataca al hombre si ha sufrido hambre durante mucho tiempo.

Encuentra su alimento entre los mamíferos de menor tamaño o de menos fuerza que él, como coatíes, agutíes, alpaca, ovejas, cervatillos, etc. Ni siquiera los monos, tan ágiles y rápidos, ni los ligerísimos ñandúes consiguen escapar a sus ataques, ya que el puma se mueve muy bien tanto en el suelo como sobre los árboles.

Por lo general es un enemigo temible para los rebaños, aunque raramente ataque a animales de mayor tamaño que las ovejas (como caballos, terneros, toros y vacas). Los perros tampoco suelen temerle. Este felino rompe inmediatamente el cuello de la presa que ha logrado cazar y lame su sangre con gran avidez. No acostumbra permanecer mucho tiempo en la misma zona, sino que prefiere vagar sin descanso. Aunque sabe nadar muy bien, sólo en casos de absoluta necesidad atraviesa los ríos y los cursos de agua.

El puma vive aislado; machos y hembras sólo permanecen juntos en determinado período del año: en la época del celo. Después de una gestación de unos tres meses, la hembra  da a luz dos o tres pequeños como máximo, que nacen con los ojos cerrados y el pelaje manchado. Estas manchas empiezan a palidecer hacia las diez o doce semanas después del nacimiento, y en el otoño siguiente, cuando tiene lugar la primera muda, el pelaje de los jóvenes pasa a ser igual al de sus padres.

Las hembras que han alumbrado ya en otras ocasiones son madres tiernas y afectuosas, pero las primerizas a veces matan y hasta devoran a sus primeros cachorros.

Si se capturan muy jóvenes, los pumas se convierten en poco tiempo en domésticos y tranquilos. Viven en buena armonía con perros y gatos, pero en cambio no consiguen reprimir sus deseos de lanzarse contra los volátiles domésticos. Lo mismo que los gatos, juegan durante horas y horas con pelotas de cualquier tipo. Estos pumas domesticados pueden dejarse libres por toda la casa. Buscan siempre a su guardián, al que lamen la mano y demuestran su afecto de distintas formas. Si se les acaricia, ronronean como los gatos.

Una madre puma es capaz de soportar a un comensal extraño, como ese pequeño lince, con tal que no perturbe la alimentación de sus propios cachorros.

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