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El guepardo
Carnívoro de la familia de los félidos, de una alzada en la cruz de unos 100 cm y una longitud que alcanza los 150, sin contar la cola, de 75 cm. El pelaje, gris amarillento, presenta manchas oscuras. Tiene las patas muy largas y uñas no retráctiles. Abunda en las estepas asiáticas y africanas, es velocísimo y capaz de abatir antílopes, gacelas y otras ágiles presas. Bastante fácil de domesticar, es adiestrado para la caza.
El guepardo es el más dócil de todos los felinos y, hasta cierto punto, puede ser domesticado y adiestrado para la caza. No es necesario para ello capturarlo joven, puesto que también adulto, tras un período de adiestramiento de unos seis meses, se adapta al cautiverio y a la obediencia al hombre. Siendo el guepardo el más veloz de los mamíferos no tiene necesidad de esconderse en lo impenetrable de la selva, pues en unos pocos saltos puede escapar de sus enemigos. Instala su guarida en las cavidades de las rocas. Para atacar una manada de antílopes, el guepardo avanza sigilosamente en dirección contraria al viento y se precipita de un salto sobre la presa elegida. El guepardo caza solo o en parejas. En la caza, los guepardos actúan a veces por parejas: uno acosa a la víctima que huye, y el otro la derriba cuando ésta se halla al borde de su resistencia tras una dura persecución. Seguido de sus cachorros, este guepardo pasa, como en un desfile, ante un grupo de atónitos ñúes. Cuando un felino se apresta para la caza, los herbívoros tiemblan y quedan literalmente petrificados por el terror.
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Guepardo

Guepardo

El cuerpo del GUEPARDO es esbelto y delgado, con patas más largas que la de los félidos típicos; la cabeza es más reducida y alargada, las orejas anchas y cortas, y el ojo se caracteriza por su pupila redonda. El pelaje es largo, áspero, sobre todo en el lomo, y de colorido variable; generalmente el tono fundamental es un hermoso gris amarillento, clarísimo, con manchas negras o castañas, muy próximas entre sí, que casi se confunden en el dorso y se mezclan más todavía hacia el extremo de la cola.

A este félido se le encuentra en la India, Asia occidental, hasta Arabia, y en gran parte de Africa, comprendida la septentrional. Es un verdadero animal de las estepas, y sus mejores cualidades no radican en la fuerza, sino en la vivacidad de sus movimientos. El guepardo posee la facultad de deslizarse doblando sus largas patas, de tal forma que roza el suelo con el vientre. Es un animal incapaz de trepar, y si quiere apoderarse de algo situado en lo alto no tiene más recurso que saltar, y así ha conseguido alcanzar alturas muy considerables. A veces arquea el lomo y deja oír sonidos ásperos y profundos, como un ronroneo; pero cuando esta irritado resopla, rechina los dientes con rabia y deja emitir un quejumbroso murmullo.

El guepardo se alimenta esencialmente de pequeños y medianos rumiantes, a los que captura muy hábilmente. Sus presas preferidas son los antílopes, y por ello suele vivir donde abundan estos animales. Por lo general establece su guarida entre las rocas de las colinas bajas.

Los expertos aseguran que el guepardo es el más veloz de los mamíferos. Apenas ve una manada de antílopes o de ciervos paciendo tranquilamente, se agazapa y se va deslizando con movimientos suaves y reptantes, para que no lo descubra su prudentísima presa; siempre avanza en dirección contraria al viento y cada vez que el jefe de los herbívoros amenazados lanza una ojeada a su alrededor, en el acto se detiene y permanece inmóvil y silencioso. Vuelve después a deslizarse, elige el animal más propicio al ataque y se le echa encima de improviso; entonces si el desgraciado intenta huir lo persigue velozmente y lo derriba de un zarpazo en las patas, tras lo cual lo agarra por la garganta. Pero el guepardo, aun siendo velocísimo, no es capaz de una carrera prolongada porque se fatiga pronto, hasta el punto de ser vencido siempre por un buen caballo.

El guepardo se puede domesticar, y una vez domesticado no existe en la familia de los félidos otro animal más manso que él: la faceta más típica de su carácter es la bondad; si se le ata con una cuerda, no intentará jamás romperla con los dientes ni destrozarla a tirones ni con las patas. Tampoco hace daño a las personas que lo cuidan, hasta el punto de que cualquiera puede aproximarse y acariciarlo. Muchas veces permanece inmóvil durante horas, mirando a un punto indeterminado, como si estuviera soñando, y ronroneando al mismo tiempo. En estos momentos, gallinas, cabras, ovejas, etc. pueden pasar impunemente ante su vista, puesto que no se digna ni siquiera a mirarlas. Sólo los otros carnívoros pueden sacarle de sus meditaciones: por ejemplo, si pasa un perro, inmediatamente cesa de ronronear, mira fijamente al intruso, levanta las orejas y, con una serie de saltos, intenta echársele encima.

Los guepardos mantenidos en cautividad en los jardines zoológicos no son difíciles de contentar en lo que respecta a la comida, incluso siendo mucho más delicados que los otros félidos de parecidas dimensiones. El frío les hace padecer muchísimo y no pueden vivir en jaulas excesivamente reducidas.

El período de gestación de la hembra del guepardo dura de 84 a 95 días. Cada camada consta de dos a cuatro cachorros, y la madre les prodiga en todo momento solícitos cuidados y los defiende encarnizadamente de cualquier enemigo supuesto o real.
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