El león
Al nacer, los cachorros de león tienen el tamaño de un gato grande y pesan algo más de un kilo. Vienen al mundo en una yacija preparada en la espesura de los matorrales y próxima a una fuente o arroyo.
Los cachorros de león tienen las patas muy grandes en comparación con su cuerpo. Juegan y maúllan como los gatos, con los que guardan cierto parecido. Sus movimientos son lentos y torpes.
Merced a su fuerza el león derriba a su presa de un solo zarpazo y, con su robusta dentadura, despedaza las vértebras cervicales de la víctima, que muere sin posibilidad de ofrecer resistencia, siendo devorada a continuación.
El león suele vivir aislado y sólo se une a la hembra durante la época del celo. Esta pareja viene a calmar su sed apaciblemente tras haber saciado el hambre.
Aunque en mucha menor cantidad que en el pasado, siguen existiendo leones en las sabanas de Africa. Estos animales sienten predilección por las estepas y por los parajes montañosos y herbosos, donde viven los herbívoros que constituyen su alimento. 

El LEÓN se distingue fácilmente de los demás felinos. Sus características principales son: cuerpo robustísimo, recubierto de pelo corto, liso y de color uniforme; hocico ancho, ojos relativamente pequeños, pelaje espléndido en el macho y borla terminal en la cola.
El cuerpo de este carnívoro es robusto y membrudo, como el de todos sus afines: la parte anterior está más desarrollada que la posterior, a causa de la amplitud del pecho y la estrechez de los ijares. La cabeza grande, grande y casi cuadrangular, acaba en un hocico ancho y truncado; los ojos, de tamaño mediano, con pupila redonda, tienen una extraordinaria viveza; las extremidades son gruesas y muy robustas y más desarrolladas que las de cualquier otro felino; la larga cola acaba en una punta córnea, cubierta por una borla lanosa. El pelo, liso y corto, es de un bello color amarillo rojizo o castaño rojizo; en varias partes del cuerpo, de forma irregular, los pelos acaban en puntas negras o son completamente negros y de ahí deriva el color mezclado, característico de este felino. La cabeza y el cuello del macho están rodeados por una espesa crin (melena), formada por pelos largos y lisos que caen formando una especie de madeja; en la parte delantera alcanzan hasta el inicio de las patas y por detrás llegan hasta la mitad del lomo y de los flancos.
El recién nacido está cubierto de pelos lanosos y grisáceos, con un dibujo en la cabeza, patas, flancos, lomo y cola parecido al del leopardo. La leona se parece a los individuos jóvenes y se distingue netamente del macho por su pelaje uniforme que, como máximo, se alarga un poco en la parte anterior del cuerpo.
El león vive aisladamente y sólo se une a su hembra en la época del celo. En cambio, en algunas regiones, a veces los leones se reúnen en manadas para efectuar rapiñas o cacerías.
Al león no le gusta vivir en las selvas vírgenes muy extensas; prefiere más bien los lugares abiertos, es decir, las llanuras herbosas sembradas de matorrales y los bosques de arboles de pequeño tamaño, o las estepas áridas y secas y las regiones desiertas y desoladas, tanto en la montaña como en la llanura. Elige como madriguera cualquier hondonada del terreno, situada en los lugares más protegidos. Durante sus migraciones, en cambio, descansa donde le sorprende el amanecer.
El efecto que el rugido del león produce sobre los otros animales es indescriptible: la hiena, en cuanto lo oye, deja inmediatamente de aullar, aunque sea sólo por un momento; también el leopardo enmudece; en cambio los monos acrecientan sus murmullos y, sin perder tiempo, trepan a las ramas más elevadas de los árboles; los antílopes huyen precipitadamente hacia los bosques; el camello tiembla, rehusa obedecer a su conductor, tira al suelo carga y jinete y se da a la fuga; el caballo se encabrita y retrocede asustado, imitado por el perro, que lloriquea corriendo tras su dueño. Incluso el hombre, cuando por primera vez oye la voz del león rompiendo el silencio nocturno de la selva, nota que en él se despiertan insólitos temores.
Este félido ataca al hombre muy raras veces, sólo en casos excepcionales. En el Sudán, donde viven en gran número, no se sabe de ningún hombre que haya sido devorado por ellos.
En la época del celo, diez o doce machos siguen a una sola hembra y combaten incansablemente entre sí para conseguirla. Sin embargo, cuando la hembra ha hecho su elección, los otros machos se van y ambos "cónyuges" viven juntos.
Quince o dieciséis semanas después del apareamiento. la leona pare de una a seis crías, por término medio dos o tres. En general, la madre trata a los pequeños con gran ternura, y es un bello espectáculo ver a una leona rodeada de su prole.
Los leones capturados de pequeños y sujetos a un trato racional se domestican fácilmente.
En otros tiempos el león abundaba en toda Africa, y en Asia meridional hasta la India. Con el paso del tiempo, este terrible enemigo de los rebaños se vio obligado a retirarse, ya que el hombre avanzaba y le perseguía encarnizadamente, hasta conseguir exterminarlo en varias localidades.
Actualmente este carnívoro ha desaparecido completamente en Africa septentrional y en la región del cabo. En el resto de Africa está disperso en forma discontinua, en el sentido de que su número varía mucho de una zona a otra: se le encuentra en Sudán, Kenia y Tanzania; al Oeste, hasta el Congo, y en gran parte de Africa oriental, al sur del Sahara, hasta el Senegal y Gambia. También se le encuentra en Chad, en la República Centroafricana, desde donde se extiende a toda Africa centromeridional, excepto el extremo sur.
Antes que en la selva virgen, el león se encuentra a sus anchas en la sabana. Si bien sus costumbres son parecidas a las de los restantes félidos, se muestra, en cambio, más indolente que la mayoría de ellos. Cuando está saciado, sus presas habituales se dan cuenta y permanecen sin inquietud a cierta distancia.